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Distancias disimuladas | bRijUNi

Artículo publicado previamente en veredes.es

Hace tiempo, alguien que se dedicaba a la organización de eventos de carácter internacional relacionados con la arquitectura, nos decía que había mucha más gente interesada en hablar que en escuchar. Viniendo de alguien con experiencia y éxito en este tipo de planificaciones complejas nos resultó extraño porque habíamos sido testigos de su poder de convocatoria o del que habían tenido los que por él y su socia habían sido convocados.

Lo cierto es que hemos asistido a una proliferación gigantesca de eventos relacionados con la arquitectura, no sabríamos decir si para arquitectos o, como este laboratorio de ideas del COA Galicia celebrado en junio en su sede de Vigo, con la intención de que los arquitectos y la sociedad se acerquen, se comuniquen o al menos se identifiquen.

Como ya se ha hablado del laboratorio de ideas aquí y allá, nosotros vamos a hacer una reflexión sobre la última de las mesas, la número cuatro, donde de uno u otro modo tuvimos presencia como coordinadores o participantes, y que trataba sobre cómo se comunica la arquitectura.

El resumen ya se ha hecho en varios sitios. El nuestro podría ser este:

Felipe Trillo habló sobre la posibilidad de tratar la arquitectura como parte de la industria cultural, de modo parecido a los videojuegos o el cine, por ejemplo. Lo que allí se dijo no nos era desconocido ya que habíamos recibido un texto del autor días atrás que, en su momento, nos resultó algo extraño y con cuyo contenido no estuvimos nada de acuerdo. Por suerte, oído en lugar de leído, nos pareció mucho más sensato y de hecho interesante, acertado y novedoso. De ello creo que nunca más se habló en la mesa y fue una pena porque tenía mucho interés la propuesta.

Jorge Meijide hizo una presentación muy personal y autobiográfica sobre su relación familiar con la arquitectura. En principio, nos pareció que tenía bastante poco que ver con el tema de la mesa. No obstante, siempre nos interesa, porqué no, escuchar estas reflexiones casi privadas e íntimas de cualquier compañero.

La intervención de Borja López Cotelo fue una mini-conferencia sobre el concepto de buena arquitectura con referencias a arquitectos como Lewerentz o Jacobsen. Enlazó referencias interesantes, propias de un estudiante de posgrado, como es su caso, bien traídas y mejor hilvanadas en un discurso coherente y preciosista que, por desgracia, como en el caso de Jorge Meijide, pareció aburrir a los verdaderos protagonistas de la tarde, que se hallaban entre el público y de los que no habíamos tenido noticias por ahora.

Se suponía que Borja iba a hablar de Pecha Kucha y su enorme éxito en A Coruña, donde lo organiza junto a María Olmo desde hace algunos años. Siguen batiendo récords de asistencia y diversión. Esto era algo que hubiera sido tremendamente valioso para la discusión de la mesa, es decir, hablar de nuevos formatos o formas de comunicar la arquitectura, el arte, o lo que sea.

Íñigo García, de VAUMM, sí trajo a la mesa un tema propio de esta que era el de la incapacidad de la sociedad de reconocer el valor de algunos edificios (puso como ejemplo  el Kursaal de Moneo en San Sebastián), frente a otros cuyo aplauso es unánime mientras despiertan un fuerte debate entre los arquitectos (aquí el ejemplo era el Guggenheim de Bilbao). Además, la idea de poder hablar de arquitectura con su propia madre, una idea que recoge Juanjo Sáez en su libro “El Arte” (2006), también era materia de debate y el asunto de los diferentes registros, por tanto, muy oportuno.

Nosotros hablamos de ello en una de nuestras intervenciones y en otra, tal como se nos había pedido, de Ménage à trois, que es un formato nuevo para hablar de arquitectura y otras disciplinas cercanas en las que pueda haber temas comunes. Ménage à trois se realizó en seis ediciones en el Matadero de Madrid y ya va por la tercera en el Centro de Arquitectura Contemporánea de Santiago de Chile. Hemos de reconocer aquí que nuestras posiciones no parecieron interesar lo más mínimo a nadie porque de hecho ya nunca más se habló de ellas.

[2]

Luego habló el público y sobre todo hablaron dos arquitectos que se hallaban circunstancialmente entre él. Decimos circunstancialmente porque uno de ellos daba una conferencia sobre su obra al poco tiempo en el mismo sitio, es decir, se trataba de gente que normalmente está al otro lado, hablando, y no escuchando.

Uno reconoció haber llegado casi al final y que no quería haber venido por no cabrearse pero aún así lo hizo, y añadió que se “había cabreado más por lo que oyó en la mesa”. Dijo que lo que allí había oído le había enfadado enormemente y que era un discurso (no sabemos a cuál se refería, si a todos, a ninguno, a uno en particular, ya que como en realidad no había escuchado apenas nada…) muy dañino para la profesión. Habló de los decanos de algunos colegios, de hacerle un monumento a Renzo Piano en lugar de decir que criticarle como alguien (tampoco se sabe quién, si de la mesa o de la prensa nacional o internacional) había hecho y de otras cosas que ahora no recordamos pero que en su momento nos parecieron totalmente alejadas de lo que allí se había estado hablando.

Mientras decía todo esto, en distingos turnos de palabra, las caras de algunos de los miembros de la mesa eran de sorpresa: unos sonreían, otros se miraban alucinados, ninguno entendíamos nada.

Como no somos de allí, sólo a lo largo del rato que aún nos quedaba por estar en la mesa, durante alguno de los varios usos de la palabra de los que hizo uso esta persona del público, supimos quién era. Se trataba de Jesús Irrisarri, un arquitecto que no conocíamos personalmente pero cuya obra sí, y que claro, nos gustaba muchísimo, incluso el edificio sede del COAG en Vigo donde estábamos, a pesar de que en su planta sótano (o baja, ya que lo que hace es salvar un desnivel entre dos calles) hiciera sorprendentemente un calor impropio de la fecha, de Vigo y de un edificio nuevo como este. Nos cuentan que es un arquitecto estupendo y además profesor y muchas cosas más que hacen que nos sintamos aún más sorprendidos de lo que dijo, que no tenía nada que ver con lo que allí se estaba hablando. También del tono, aunque esto es muy personal y allá cada cual. Por ser una persona tan admirada y querida entre los arquitectos que lo conocían, nos hubiera encantado entender qué quería decir y así, seguro, aprender muchas cosas, pero la verdad es que esto no sucedió en absoluto.

En realidad antes de él ya había hablado otro arquitecto, que tampoco conocíamos, y que en la mesa nos dijeron que era Alfonso Penela, igualmente conocido, querido -según vimos por el trato que bastantes personas de la sala le dispensaban-, admirado, respetado, en su condición de arquitecto gallego y profesor de la ETSAC, igual que Irrisarri. Sí recordamos fielmente, porque es imposible olvidarlo, que lo primero que dijo Penela es que todo lo que se había dicho allí, o al menos cómo se había dicho, le “había parecido un coñazo”. Añadió que si pensábamos que así íbamos a interesar a la sociedad íbamos listos. Luego continuó precisando que no hay que hablar de arquitectura a la sociedad, del mismo modo que a la sociedad nadie le explica cómo vuela un avión si no que a la sociedad le vale con que funcione bien y ya está. Es decir, que la arquitectura habla por sí misma y no hay que explicarla.

También nos llamó la atención especialmente que afirmara que en una clase de proyectos no se debía hablar de presupuestos y que si él tenía que hacerlo algún día, dejaba la enseñanza.

Sólo queremos dejar constancia de que esto se dijo, y que las personas que lo dijeron fueron buenos arquitectos, profesores de la ETSAC, y pertenecientes a una generación anterior a los miembros de la mesa, que ve las cosas de una manera muy diferente, esa es nuestra esperanza.

Como alguien dijo luego después de la cena “es como si tú dices azul y el otro dice treinta tres; pero bueno, di por lo menos un color, ¿no?” Por alguna razón, allí fue imposible sacar nada en claro, excepto la más absoluta de las disonancias y la más grande de las distancias. Supongo que no hablamos nada más que por nosotros y quizá por alguno más de la mesa, entre estas posiciones y las nuestras que, pensábamos, tenían que acercarse a nuevas formas de comunicar la arquitectura.

Nos ha producido un poco de tristeza leer los textos de algunos compañeros sobre estas jornadas que, estando allí, han preferido no decir lo que allí pasó, o decirlo un poco a medias. Parece que si uno forma parte de los invitados, ha de aceptar y tragar aquello que cuando está al otro lado es objeto de crítica y de debate.

Corremos el peligro de que los canapés y el photocall nos seduzcan como sedujeron a generaciones anteriores, aún silenciosas y sacrificadas en el trabajo del arquitecto, y así, esperar a otra invitación para decir algo sin caer en la trampa de criticar a aquel que tiene poder, inteligencia, belleza, o algún atributo que le permita decir sin ser criticado, sólo por el hecho de haber nacido antes que uno o de tener más habilidad como arquitecto.

Ojalá que no caigamos en esa trampa, nosotros también.

En resumen, no sabemos si los arquitectos y la sociedad pueden llegar o no a entenderse. Lo que sí parece claro es que hay algunos arquitectos de otra generación que creen que seguimos hablando un lenguaje propio y que no ha de ser comunicado a la sociedad porque la arquitectura, la buena, se sigue explicando sola.

Lo que es seguro es que la generación de la famosa burbuja y la de la no menos famosa crisis está condenadas a no entenderse. Es más, podríamos decir que están destinadas a no interesarse siquiera y lo que más pena nos da es que algunos compañeros de nuestra profesión parezcan ser los primeros en querer repeler la atención sobre los temas que todos defendemos en privado cuando alguno de estos más que reconocidos arquitectos tienen a bien acudir a una convocatoria como esta.

Seguro que cuando perdamos el miedo a la autoridad o al profesor cuya opinión es indiscutible, esta dinámica en la que hemos sido educados donde el diálogo suele estar ausente y reina el monólogo de la autoridad intelectual y moral incuestionable, entonces quizá puedan celebrarse unas jornadas como estas del Laboratorio de Ideas donde todos seamos más sinceros y el debate aún más interesante y fructífero para la profesión, que es lo que hace falta, olvidando para siempre las absurdas y estériles distancias y los serviles disimulos de aprobación resignada.

Texto por bRijUNi arquitectos: Beatriz Villanueva Cajide -Arquitecto y Master en Proyectos Arquitectónicos Avanzados (ETSA Madrid)- y Francisco Javier Casas Cobo -arquitecto y Master en Teoría, Análisis e Historia de la Arquitectura (ETSA Madrid).

notas:
[1] Philip Johnson  Jan. 8, 1979 Fotografia. Fuente: time.com
[2] Laboratorio de Ideas Colexio de Arquitectos de Galicia. Vigo. Mesa 4. Fuente: stepienybarno

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Acerca de ideascoag

Laboratorio de Ideas impulsado por el COAG Vigo con el fin del plantear debates sobre la actual situación de los arquitectos y la arquitectura, fomentando la participación abierta y el debate público.

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