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el ocaso de una profesión

Por Andrés Martínez en su web el 2 de Julio 2012.- (Continuación a Arquitectos, el ocaso de una profesión).  En lo disciplinar, el nuevo modelo de profesional que debemos formular ya no podrá limitar durante más tiempo su campo de acción a los edificios. Deberá de ocuparse de temas que, hasta ahora, le había resultado algo tangenciales, como son el  diseño urbano o el paisaje.

El primero —diseño urbano— porque el ámbito principal de sus actuaciones será ahora la ciudad consolidada (entendido esto en el sentido más amplio del término, que no lo limita al casco histórico), lo que provoca que cualquier intervención que construya en su seno dote al proyecto de una capacidad de transformación, aunque sea mínima, sobre el tejido urbano. El segundo —el paisaje— porque hace tiempo que quedó diluida la barrera entre lo que es urbano y territorial: por ello se deberá ocupar tanto de prolongar los ejes verdes urbanos hasta que queden conectados con los corredores naturales metropolitanos (por un lado), como de tratar (por otro) de reintroducir la naturaleza en la ciudad, utilizando para ello lugares hasta ahora desaprovechados, el más pequeño intersticio si hiciera falta; prestará especial atención a la integración de la vegetación en los edificios (en medianeras, cubiertas, o fachadas), intervenciones todas ellas que requieren de precisos conocimientos constructivos.

Por este enfoque transversal que le es específico, será requerido para trabajar en equipos multidisciplinares junto a biólogos, geógrafos, ecólogos, sociólogos o ingenieros. Esto no querrá decir, está claro, que descuide su vertiente más tradicional (la búsqueda de soluciones contemporáneas para todas las caras del habitar —lugares para vivir, trabajar, intercambiar mercancías o conocimientos—), aunque sí hará el esfuerzo de volver a enunciar el problema bajo el signo del estudio tipológico: huirá de buscar soluciones originales, que resultarán inevitablemente caducas con el tiempo, y se centrará en perfeccionar modelos (siempre inscritos dentro de una corriente colectiva, nunca individuales) que resulten a la vez repetibles y modificables, y por tanto capaces de generar, por adición, un trozo de ciudad.

En lo metodológico, el trabajo del nuevo arquitecto girará en torno a lo aprendido sobre la lógica intrínseca del proceso proyectual, en el cual habrán quedado claramente pautadas sus fases y métodos. Pues “(…) la construcción del proyecto es un proceso que tiene un carácter no lineal, sino circular o en espiral, que va incorporando y verificando hipótesis para su rectificación, a la luz de nuevas consideraciones. La introducción de [sucesivas] ‘capas’ de razonamiento (…) obliga a ajustar la configuración anterior, y así sucesivamente, en un conjunto de hipótesis rectificadas y rectificables hasta la detención del proceso de proyectación” (Antonio Font). No hará caso de quien, por falta de conocimiento, le indique que en su campo —que queda a mitad de camino entre lo intuitivo y lo científico— nada es objetivable: no sólo es extensa la bibliografía de quienes (arquitectos o no) se han ocupado de demostrar lo contrario (ver Popper, K: “Objective Knowledge”), sino que existen en otras áreas de conocimiento sub-disciplinas que se ocupan exclusivamente de analizar no el qué, sino el cómo (es decir, los procedimientos, como es el caso del Derecho Procesal). Recordará las enseñanzas que, al respecto, le ayudaron a aplicar sobre su propio trabajo los buenos profesores de proyectos, si es que tuvo la suerte de cruzarse con alguno de ellos.

En lo ético, deberá establecer para su trayectoria un punto de equilibro que, a la vez que se distancia de los excesos de ego de épocas pasadas (en que cada uno se creía capaz de soluciones únicas que no pasaban de ingeniosas), no renuncie a lo que de artístico y vocacional tiene su profesión. Sólo podrá llegar a esto desde un riguroso conocimiento de las técnicas (gráficas, constructivas, estructurales) y de la armadura teórica que son propias a su disciplina, y, sobre todo, desde una profunda humildad en su acción: no será capaz de crear si no es desde una actitud a la vez modesta y honesta, y no deberá caer en la tentación fácil de que la estética emborrone su ética.

En lo práctico, deberá dotarse de imaginanción para reinventar un nuevo modelo de negocio, lejos del que predominó durante tanto tiempo (el estudio de arquitectura), ahora ya económica y disciplinarmente inviable. Igual que quien practica la medicina es consciente de que la gente seguirá enfermando, él o ella sabrán ver que la arquitectura, a la larga, no es algo prescindible para la sociedad; siempre habrá, al menos, unas ruinas que apuntalar. De los médicos aprenderá también que su disciplina se puede, y se debe, convertir en objeto de investigación. Si ellos —los médicos— ejercen la profesión en hospitales universitarios, nosotros —los arquitectos— debemos hacerlo en entidades que (aunque de nombre aún desconocido y con todo por inventar) hagan lo mismo: ser un lugar que, a la vez que presta un servicio necesario a la sociedad, nutra a la universidad de material para avanzar en el conocimiento, y lo organice bajo los parámetros de la investigación aplicada. También habrá aprendido que, como colectivo, nada se puede hacer si no es con una presencia corporativa eficaz y continua; por eso colaborará para mejorar esta presencia en las entidades que le representen (las que se deriven —también con todo por inventar— de los fracasados colegios profesionales) e intervendrá para evitar que se distraigan de su objetivo principal, que no es otro que servir a los intereses de la profesión, y por extensión, a los de la sociedad.

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Acerca de ideascoag

Laboratorio de Ideas impulsado por el COAG Vigo con el fin del plantear debates sobre la actual situación de los arquitectos y la arquitectura, fomentando la participación abierta y el debate público.

Comentarios

5 comentarios en “el ocaso de una profesión

  1. UNA CUESTION SEMANTICA

    Según el diccionario de la R. A. E., arquitecto es : ” persona que profesa o ejerce la arquitectura “.
    No nos olvidemos de cual es nuestra razón de ser y ha sido siempre a lo largo de muchos siglos de historia. Nos podemos consolar de muchas maneras en la situación actual que vivimos y buscar otras ocupaciones, pero esto no es normal y lo sabemos.Mientras exista la arquitectura tendrán que existir los arquitectos. Lo que realmente hace falta hoy en día para animar un poco el sector son dos cosas fundamentales: que funcione la banca y se liberalicen las normativas y ese debe ser nuestro objetivo.La crisis vino por la traición del sistema financiero y por el encarecimiento del suelo y los costes de la vivienda, propiciados por la Administración del Estado. La solución es obvia, solo hace falta voluntad política para regular el sector y el propio mercado hará el resto.

    Publicado por Tomás López Lamas | 2012/07/05, 12:26

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